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IBPs, ¿Uso o abuso?

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Trabajo realizado por María Sánchez de León Ramón-Borja, C. Prieto Gil, A. Roncero Martín B. Sáez-Torres de Vicente.

INTRODUCCIÓN

Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) son fuertes inhibidores de la secreción ácida a nivel del estómago (inhiben hasta un 80% la secreción de ácido clorhídrico).

Las indicaciones apropiadas para su uso son: enfermedad por úlcera péptica, en el tratamiento de erradicación de Helicobacter pylori, enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), tratamiento y profilaxis de las úlceras por AINE, Síndrome de Zollinger-Ellison,  dispepsia, hemorragia digestiva no varicosa y profilaxis de úlcera de estrés en pacientes de riesgo.

Únicamente en estas situaciones el uso de los IBP es el adecuado. Sin embargo, en la actualidad, su prescripción es excesiva en nuestro país: entre un 54-69% de las prescripciones son inadecuadas según un estudio hecho por el Sergas, Estudio comparativo entre los distintos IBP.

Inhibidores de la bomba de protones, trabajo realizado por María Sánchez de LeónEl omeprazol es el principio activo de mayor consumo, con un total de 54 millones de envases, que representan el 5,9% del total de envases facturados en 2015, según se recoge en el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud de 2016. Además, comparativamente con el resto de Europa, en España 85 de cada 1.000 pacientes están tomando omeprazol o un derivado a diario, mientras que en Noruega tan sólo 30 de cada 1.000 y en Italia 27 de cada 1.000. Es decir, en España los valores se sitúan en un 70% por encima de la media europea.

Desde hace algún tiempo, se ha sugerido que su uso a largo plazo aumenta el riesgo de la aparición de lesiones gástricas premalignas, como pólipos, atrofia y metaplasia intestinal (transformación de la mucosa gástrica en otra de tipo intestinal), así como de cáncer de estómago.

La consideración de los IBP como simples “protectores” gástricos, sin prácticamente efectos adversos, ha disparado su utilización, en muchos casos sin una indicación clara o por síntomas no asociados a una hipersecreción ácida. De forma general, se han considerado medicamentos seguros, con algunos efectos adversos, en su mayoría leves, como cefalea, estreñimiento, diarrea, dispepsia, erupciones cutáneas; y otros más raros, como la deficiencia de vitamina B 12  y de magnesio; osteoporosis, con mayor riesgo de fracturas, y mayor riesgo de infecciones intestinales, todos ellos en pacientes que reciben alguno de estos preparados a largo plazo.

No hay que olvidar que estos fármacos son necesarios porque son capaces de disminuir la incidencia de patologías como la úlcera de estómago. Esto es un gran avance desde el punto de vista médico; el problema reside en que, como se puede observar en los datos del consumo de estos fármacos, se ha producido un crecimiento y en algunos de los casos sin la indicación adecuada.

OBJETIVOS

El presente estudio tiene como principales objetivos:

  1. Comprobar si la indicación por la que acuden los pacientes a la farmacia comunitaria es conforme con las indicaciones de los IBP.
  2. Determinar la posible existencia de automedicación de su consumo o un consumo erróneo.
  3. Analizar los casos de efecto ácido rebote derivados de un uso erróneo.

 

RESULTADOS

La muestra total suma 65 personas (n=65) con una media total de 66.05 años. Las variables a estudiar son: diferenciar si el paciente está tomando el IBP por una causa justificada, si el médico es la persona que le receta el medicamento o si por el contrario estamos ante un caso de automedicación, la dosis indicada, el tiempo de duración del tratamiento, las posibles interacciones con otros fármacos y si el paciente nota efectos secundarios.


Respecto a los IPBs, el 80% de los encuestados usan Omeprazol, siendo el fármaco más prescrito. Estos datos concuerdan con datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en su informe sobre utilización de medicamentos. Los motivos de esta posición son variados: fue el primer IBP en salir al mercado y un elevado número de pacientes llevaban tomando este fármaco un gran número de años, su seguridad y eficacia son conocidas, de tal manera que el médico se arriesga menos recetándolo. El 12% Esomeprazol, el 6% Pantoprazol, el 2% Rabeprazol y ninguno de ellos Lansoprazol.

IBPs Dispensados, trabajo por María Sánchez de León

Gráfica 1. IPBs más consumidos.

 

Según estudios comparativos entre los distintos IBPs, se demuestra que el omeprazol es el que mayor eficacia presenta en el tratamiento de úlcera gastroduodenal y erradicación de Helicobacter Pylori. Con respecto al resto de indicaciones se han encontrado evidencias de la similar eficacia entre todos los IBPs.

Por otro lado, el perfil de interacciones y seguridad de los fármacos de este grupo es bastante similar y por tanto, la razón del mayor consumo de omeprazol se atañe al menor coste del mismo.

De los 66 pacientes que consumen IPBs, el 55% lo toma por prescripción de atención primaria, el 39% debido a que se lo ha prescrito un médico especialista y el resto, el 6 % debido a que se automedican.

¿Quién ha prescrito el IBP? Trabajo realizado por María Sánchez de León

Gráfica 2. Prescripción.

 

La dosis más frecuente para el Omeprazol, el Esomeprazol y el Rabeprazol es de 20 mg, mientras que para el Pantoprazol es de 40 mg, y la frecuencia de administración es de una vez al día.

Las respuestas en cuanto al conocimiento de los efectos secundarios nos indican que el 70% no los conocen frente al 30% que sí, mientras que el 95% de los encuestados aseguran no haber tenido efectos adversos frente a un 5 % que ha observado alguno como gases, diarrea, etc. En ninguno de los encuestados ha existido un efecto adverso grave.

Efectos Secundarios de los IBPs, trabajo realizado por María Sánchez de León

Gráfica 3. Efectos adversos.

En el caso del Omeprazol, 22 de los encuestados dicen que lo llevan tomando más de cinco años, 19 de ellos más de un año, 5 durante seis meses y los 7 restantes lo toman esporádicamente. 

Respecto a la indicación de prescripción, el 41% asegura tomarlo por estar polimedicado siendo uno de los fármacos gastrolesivo. Estos datos se contradicen con los obtenidos por el Sergas mencionados anteriormente; esto se puede deber a que la población rural de núcleos pequeños está peor controlada.  Un 18% padece una enfermedad de reflujo gastroesofágico, un 15% por otras causas, y el resto (como se observa en la gráfica) por motivos distintos: úlcera gastroduodenal, tratamiento junto a otros fármacos frente a Helicobacter Pylori, tratamiento y profilaxis de las úlceras por AINEs o por estrés, Síndrome de Zollinger-Ellison, por dispepsia y por hemorragia digestiva alta no varicosa.
Mientras que hay un 2,82% que lo toman como protector gástrico frente antibiótico y un 4,23% por dolor de estómago, no siendo adecuadas según la ficha técnica estas indicaciones para la toma de un IBP.

Indicación en la toma de IBPs. Trabajo realizado por María Sánchez de León

Gráfica 4. Indicación de la toma de IBPs.

 

El 97% de los encuestados afirma tomar un IBP con otros medicamentos, esto es debido a que la causa mayoritaria en nuestra muestra que justifica tomar estos fármacos es por estar polimedicado siendo uno de ellos un fármaco gastrolesivo. Aunque también se debe al hecho de que estos fármacos se conocen como los famosos “protectores de estómago”. Estos resultados coinciden con los reflejados en  estudios similares publicados por Pharm Care España.

En ninguno de los casos de nuestros pacientes encuestados encontramos el Diazepam y los anticoagulantes orales, que son los fármacos que pueden mostrar interacciones relevantes dada su posible toxicidad.


 El efecto rebote ácido se produjo en un 21% de los pacientes que alguna vez habían dejado de tomar el IBP. Este efecto supone la generación de un problema de salud en el paciente que no lo tenía previamente.

Efecto rebote de los IBPs. Trabajo realizado por María Sánchez de León

Figura 5. Presentación de efectos adversos.

Tras analizar los datos, no se encuentran constantes de asociación de que la toma de IBPs de manera incorrecta sea un factor de riesgo para la aparición de efectos adversos o secundarios. Nuestro intervalo de confianza al 95% está entre (0,6034 – 7,3074). Así mismo, tampoco podemos concluir que tomarlo correctamente y atendiendo a las indicaciones sea un factor de protección para prevenir efectos secundarios.

 

CONCLUSIONES

  1. Los resultados que se obtuvieron durante el estudio nos mostraban que un elevado porcentaje de nuestra población utilizaba los IBPs de manera correcta y de acuerdo a las indicaciones establecidas. Esto se entiende dentro de un marco en el que la media de edad es de 66 años, el hecho de que las farmacias estén en una zona urbana y no rural, son factores que propician un uso responsable de los IBPs.
  2. A pesar de que una gran mayoría utilizaba correctamente este tipo de fármacos,  seguían existiendo evidencias (un 6%) de automedicación entre la población y de un uso incorrecto con respecto a las indicaciones.
  3. No se encontraron constantes de asociación entre la aparición de efectos secundarios y el uso incorrecto de IBPs. Lo que sí se encontraron fueron efectos secundarios en un 5% de los encuestados tras la interrupción del tratamiento, ninguno de ellos de carácter grave. Sí es relevante que el 21% sufrieron efecto ácido de rebote por lo que se le generó un problema de salud nuevo al paciente que antes no tenía.

Podéis acceder al estudio completo en este enlace.

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Comentario (1)

  1. Angel María junio 3, 2018 at 10:21 pm Reply

    Muy buen trabajo María. ¡Enhorabuena!

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